Venecia

Muchos tenemos una ciudad especial, no siempre por méritos de la ciudad, sino por otras causas. En mi caso, esa ciudad es, sin duda, Venecia. Os cuento por qué…

Allá por Abril de 1994 partía para Italia a hacer una primera estancia de investigación de 3 meses. No era la primera vez que salía de España, pero casi. Se dice pronto, pero hablamos de tres meses (3) lejos de casa. Sin Internet, sin email -existía, sí, pero no lo usaba nadie, así que no servía de nada-, sin portátil, sin hablar el idioma -ni italiano, ni apenas inglés-, sin… en fin, sin nada. La verdad es que no tengo queja del entorno en el Departamento italiano -en Pisa, principalmente-, ya que mi “jefe” allí me acogió casi como si fuera de la familia (las primeras noches las pasé en su casa:) )

Pues bien, el primer mes fue malo, casi sin hablar con nadie (aparte del jefe), intentando avanzar en el trabajo de investigación, aprender italiano, arreglando el tema del alquiler del piso, la cedula fiscale, y muchos otros papeleos. Los comienzos en un lugar siempre son malos. Bueno, tengo que aclarar aquí que soy -o más bien era- muy tímido, y eso no ayuda mucho. Como decía, el primer mes fue malo, pero el segundo fue aún peor: me tuve que ir en tren de Pisa a Tolouse a presentar mi primer trabajo en inglés en un congreso -cuando, como decía antes, apenas lo chapurreaba-. Ese viaje, de hecho, fue toda una odisea… pero, bueno, esa es otra historia.

Y os preguntaréis… ¿qué rollo nos está contando? ¿esto no iba de Venecia? Pues ya llegamos. Quería situaros un poco: más de dos meses aburrido, casi sin hablar con nadie, sin Internet, el teléfono valía una pasta, sin email -mandé tres cartas y solo recibí una respuesta en ese tiempo- y encima teniendo que ir a Tolouse a hacer el ridículo hablando en inglés. Y, de repente, aprovechando que estaba en Padova una semana y había acabado de hacer el ridículo por allí -tuve que dar un seminario sobre mi trabajo-, me fui a Venecia que estaba a escasos 30′ en tren. Y, por primera vez desde que llegué a Italia pensé “Oye, pues igual sí ha valido la pena meterse en este embolado…”

Y es que es difícil perderse por esta ciudad y no acabar fascinado:

Desde aquella primera visita en 1994, he vuelto muchas más veces. Por un lado, unos años después, hice varias estancias en Udine -que está a una hora y pico de tren de Venecia- y muchos fines de semana los pasaba en Venecia. He vuelto también para asistir a un congreso, de vacaciones con mi mujer y unos amigos, y hace solo unos meses con mi mujer y mis hijos -de hecho, todas las fotos son de este último viaje-. Ya no es lo mismo que aquella primera vez en 1994 en que pensé que había valido la pena, desde luego, pero sigue siendo una ciudad muy especial para mi.

Como siempre, puedes ver estas y otras fotos en mi carpeta de Flickr.

¿Por qué critico a la homeopatía?

Bueno, como he repetido los mismos argumentos ya muchas veces, he decidido añadir una entrada corta (¡la primera que no va sobre Japón!😉 ) en la que me gustaría dejar clara mi postura al respecto. Así me ahorro seguir argumentando las mismas cosas una y otra vez…

Si eres de los que crees en la homeopatía y piensas “a mi me funciona”, puedes dejar de leer aquí. Estoy seguro de que no te voy a convencer. Cuando uno tiene “fe” en algo (es decir, cree en algo sin tener razones para ello y sin entender realmente cómo es posible) no hay razonamiento que le haga cambiar de opinión. Y, en el fondo, te envidio. Me encantaría tener esa fe en la homeopatía, pero no la tengo.

Bueno, supongamos que mantienes un sano escepticismo al respecto y quieres saber más sobre la homeopatía. ¡Enhorabuena! Eres una persona racional…

En primer lugar, tengo que dejar claro que no soy médico, ni químico, ni tengo relación alguna con la homeopatía. En realidad soy informático (centrado en temas de lógica computacional, por cierto). Es más, ni siquiera he tenido alguna mala experiencia con la homeopatía, ni yo ni ninguna persona que conozca.

Y, sin embargo, suelo criticar la homeopatía siempre que sale el tema. ¿Por qué esa animadversión hacia la homeopatía? Muy sencillo: me considero una persona racional, y la homeopatía no tiene ni pies ni cabeza. Podría decir, como se ha repetido ya muchas veces, que no hay estudios concluyentes de su efectividad más allá del efecto placebo (y, por favor, no quiero oír eso de “a mi me funciona” llegados a este punto, o aquello de “si les funciona a los niños y a los animales, no puede ser solo efecto placebo”… basta investigar un poco para ver que también hay efecto placebo en niños y animales, por no hablar de la subjetividad del observador).

Pero no, no es ese el motivo. El motivo es que los principios de la homeopatía no tienen ningún sentido, incluso para un profano en la materia como es mi caso. La homeopatía se basa en los siguientes principios:

“Lo similar cura lo similar”

Aquí habrá quien diga que las vacunas se basan en el mismo principio. Ni hablar. Las vacunas “entrenan” el sistema inmunológico con pequeñas dosis -pequeñas pero desde luego apreciables- a menudo inertes, de los mismos virus que se pretende combatir. Así el sistema inmunológico vence fácilmente al virus y -esto es lo importante- aprende cómo combatirlo en caso de que llegue en mayor cantidad (la enfermedad en sí).

En el caso de la homeopatía, a principios del siglo XIX Samuel Hahnemann (el supuesto “inventor” de la homeopatía) oyó hablar de que la quinina estaba siendo usada para curar la malaria. Como parece que no estaba muy convencido del tema, decidió probar la quinina en sí mismo, y descubrió que experimentaba los mismos síntomas que supuestamente produce la malaria. ¡Eureka! Hahnemann decidió (así, sin más comprobaciones) que todo medicamento que produjera en una persona sana unos síntomas similares a los de la propia enfermedad, podía curarla en un paciente enfermo. Nada que ver con las vacunas, ojo. Y lo mejor de la historia es que más tarde se intentó repetir el experimento de Hahnemann con la quinina y… no fue posible. Bueno, la historia de la homeopatía está llena de historias como ésta. La reproducibilidad no es uno de sus puntos fuertes.

“Cuanto mayor es la disolución, mayor es su efectividad”

Claro, llegados a este punto, imagino que Hahnemann (que era químico) se planteaba que darle cosas como cicuta o arsénico a un paciente para curarle de terribles enfermedades podía.. sí, podía matarle. Así que decidir huir hacia delante y se inventó -no nos olvidemos que estamos hablando del 1800 y poco- el segundo principio de la homeopatía: “a mayor disolución, mayor efectividad”. Muy lógico no es, desde luego. Pero le resolvía la papeleta de no matar a sus pacientes con dosis altas de algún veneno.

De hecho, el propio Hahnemann abogaba por disoluciones 30C para la mayoría de los propósitos. Pero, ¿qué es eso de una disolución “30C”? La idea básica es esta: si tomamos una parte de una sustancia y la disolvemos en 100 partes de agua, tenemos una disolución 1C. Si ahora tomamos una parte del resultado, y la volvemos a disolver en 100 partes de agua, tenemos una disolución 2C. Bueno, ya te puedes imaginar como sigue la cosa. Pues bien, una disolución 30C significa que hay una parte de la sustancia por 1060 (un 1 seguido de 60 ceros) partes de agua. De acuerdo a otro químico, Avogadro, ahí ya no queda ni siquiera una molécula de la sustancia original -lo cual no le preocupaba mucho a Hahnemann ya que apenas acababan de descubrirse los conceptos de átomo o molécula y probablemente no los conocía-. En resumen, a partir de 12C ya no se puede afirmar que haya una sola molécula de la sustancia original. Vamos, es más fácil encontrar moléculas de la sustancia en cuestión en el agua del grifo que en un preparado homeopático de 12C para arriba…

¿Y los defensores qué dicen?

Llegados a este punto, parece sensato afirmar que esto de la homeopatía no fue más que una ocurrencia de un químico a principios del 1800 que vino motivada principalmente por el estado de la medicina en ese tiempo -donde, probablemente, a menudo era peor el remedio que la enfermedad-. De hecho, y esta es ya mi opinión personal, dado el carácter inquisitivo de Hahnemann estoy convencido de que él mismo se habría echado unas risas a costa de la homeopatía de haber vivido hoy en día.

Pero, entonces, ¿cómo es posible que haya médicos y químicos -¡incluso un premio Nobel!- entre los defensores de la homeopatía? Pues bien, se han propuesto teorías de lo más originales. Por un lado, se ha intentado justificar que el agua tiene “memoria”, por lo que los efectos de una sustancia que estuvo en el agua permanece allí aunque ya no haya ni siquiera una molécula. A este respecto, es curioso que el agua se acuerde de unas sustancias y no de otras, ¿no? Debo añadir que, incluso aunque nos vayamos a disoluciones por debajo de 12C, digamos 3C ó 4C, su efectividad sigue siendo inverosímil dada la escasa cantidad de la sustancia en cuestión.

Más recientemente, he oído justificaciones basadas en la física cuántica (siempre sin entrar en detalles, probablemente porque los desconocen… y es que hoy en día se le añade la palabra “cuántica” a todas las magufadas de moda y así lucen mejor y más científicas: “biodescodificación cuántica”, “terapia cuántica”,… de risa). De hecho, algunos ni siquiera intentan justificarlo. Recientemente, representantes de la multinacional de la Homeopatía Boiron en una rueda de prensa reconocían no saber exactamente cómo es posible que la homeopatía funcione. Vamos, lo suyo es un dogma de fe.

Resumiendo

Para concluir, ¿por qué critico a la homeopatía? Pues por los mismos motivos por los que critico el reiki, la acupuntura, la osteopatía, la bioneuroemoción, las flores de Bach, los milagreros, etc. Simplemente porque nadie me ha dado una explicación racional de su funcionamiento y, además, no parece que haya evidencias significativas de su efectividad más allá del efecto placebo. El día que eso cambie y alguien me de una explicación convincente y/o una evidencia significativa de su efectividad, cambiaré de opinión, por supuesto.

Pero hay otros motivos. Por ejemplo, el peligro que puede suponer entre la gente que, pensando que son tan efectivas como las terapias convencionales, las abandonan en favor de la homeopatía, poniendo así en peligro su salud y, en ocasiones, su vida. Por desgracia, podemos leer periódicamente casos como estos en la prensa. El último que recuerdo fue una mujer que murió tras dar a luz. Al parecer perdió mucha sangre y la comadrona solo le ofreció un medicamento homeopático (para la ansiedad, por cierto). Podéis ver la noticia aquí.

En resumen, como dijo Tim Minchin: “¿sabes cómo se les llama a las medicinas alternativas que funcionan? Medicina”. Vamos, que si los chuches homeopáticos funcionaran, no tendrían un nombre diferente, serían simplemente un medicamento más.

Si te interesa el tema, te recomiendo que escuches a James Randi aquí o, aún más divertido, a Tim Minchin aquí (aunque esto no es específico sobre la homeopatía).

12h en Nagoya

Bueno, vaya por delante que en Nagoya suelo pasar bastante más de 12 horas, ya que es el lugar donde suelo ir habitualmente a trabajar con colegas de la Universidad de Nagoya, por lo que paso allí 2 ó 3 semanas en cada ocasión. Sin embargo, suelo pasar todo el tiempo en la zona universitaria, que está bastante alejada del centro. Por eso, lo de hoy se puede considerar como una “excursión” de 12 horas por la parte más turística de la ciudad😀

Una de las principales atracciones de la ciudad es el Castillo de Nagoya. Como la mayoría de los castillos en Japón, está reconstruido. Sin embargo, el aspecto del castillo es impresionante. Además, tiene varias exposiciones interesantes en su interior, por lo que si pasas por Nagoya, te recomiendo que no te lo pierdas.

Otra de las atracciones de la ciudad es la zona de Osu. Allí puedes ver Osu Kannon, un templo budista dedicado a la diosa de la piedad. Los fines de semana la zona está muy animada. Además del templo, hay una zona de tiendas similar a Namba city en Osaka llena de tiendas de souvenirs, productos electrónicos, ropa de cosplay, tiendas de anime y manga, J-pop, idols y, por supuesto, muchos restaurantes. También es fácil encontrar cosas de segunda mano a muy buen precio (cámaras de fotos, objetivos, instrumentos musicales, etc). Salvando las distancias, sería el Akihabara de Nagoya.

Por último, como no, hay que visitar la zona comercial moderna: Sakabe. Aquí podréis encontrar muchos grandes centros comerciales (en mi última visita, en uno había una planta completa dedicada a Evangelion), tiendas de todo tipo, el distrito financiero, etc. Solo he ido un par de veces, sin embargo. En una ocasión, era domingo y como ocurre en otras ciudades japonesas, las calles estaban cerradas al tráfico y estaba lleno de gente paseando, cantando (e intentando vender su CD), etc, etc.

Ah, si hay algo que no puedes dejar de comer en Nagoya es el hitsumabushi, anguila a la brasa al estilo de Nagoya (en este post hablo con detalle sobre el tema). También te recomiendo el misokatsu, la variedad de Nagoya del conocido tonkatsu.

Si vas a ir por allí y tienes alguna pregunta sobre Nagoya, ¡no dudes en hacerla!

[Actualización 13 de Mayo de 2016]

Bueno, pues en mi última visita a Nagoya nos dimos un paseo por la zona del puerto, que no conocía. No diré que es una visita obligada, pero la verdad es que el complejo está interesante. Por lo que leí, el puerto ha sido remodelado recientemente, y al menos el Domingo cuando lo visitamos era una zona muy agradable, con un ambiente muy familiar y relajado. Allí se puede visitar el Acuario Público, el barco-museo Fuji -explorador del Ártico- y el Museo Marítimo de Nagoya. Ademas, el puente con los arcos azules es muy fotogénico:

Pasamos la mañana por allí y luego volvimos al centro, a Osu Kannon a hacer algunas fotos y comer. Aquí tenéis la única larga exposición que conseguí (apenas) sin gente de por medio:)

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De Osu Kannon nos fuimos a Sakabe, pero solo a comprar souvenirs como si no hubiera mañana…

Aprendiendo japonés…

En esta entrada quiero resumir algo que debo haber contado ya en muchas ocasiones sobre el idioma japonés. Vaya por delante que si eres japonés, hablas japonés o en algún momento has seguido algún curso de japonés, por sencillo que sea, esta entrada no es para ti (¡seguro que ya lo sabes todo!). Me dirijo más bien a los que no saben nada del idioma y tienen curiosidad. Y, por supuesto, varios puntos son muy subjetivos. Al fin y al cabo se trata de mi opinión personal, que no creo que todo el mundo comparta😀

Sorprendentemente, mi interés por el idioma es bastante reciente (teniendo en cuenta que visito Japón con cierta regularidad desde el año 1999). En 2014 me decidí a hacer un primer curso (A1.1) y en 2015 lo completé (A1.2). Vamos, A1, nivel principiante total…

El alfabeto Hiragana

El idioma japonés consta de dos alfabetos (en realidad, son silabarios) y un conjunto de ideogramas (Kanji) . El alfabeto principal es el Hiragana. Digamos que este es el alfabeto con el que se enseña a los niños a leer. A diferencia del nuestro, es un alfabeto silábico. Lo puedes ver en el siguiente recuadro:

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Silabario Hiragana

Lo primero que nos llama la atención es el orden de las vocales: a-i-u-e-o (en lugar de nuestro tradicional a-e-i-o-u). Como puedes ver, las sílabas solo pueden acabar en vocal o en “n”. Eso explica, por ejemplo, que un japonés pronuncie mi nombre, Germán, como He-ru-man (aunque la “u” es muy débil y apenas se pronuncia). Otro ejemplo, Alberto sería a-ru-be-ru-to (recuerda que en japonés la ‘r’ y la ‘l’ no se distinguen, como seguramente sabrás por las pelis en las que “se líen de la plonunciación” de chinos y japoneses). De hecho, la pronunciación japonesa del inglés es a veces difícil de entender justamente por los diferentes sonidos de su idioma (aunque no es difícil acostumbrarse).

En realidad, tengo que decir que el Hiragana es un poco más complicado. Por un lado, tenemos el dakuten (゛) y el handakuten (゜) que modifican el sonido de las sílabas. Como puedes ver abajo, la forma en que cambia el sonido de cada sílaba es muy regular y se aprende enseguida. Por otro lado, están los diptongos, que no son siempre fáciles de leer (y, sobre todo, de escribir a partir del sonido). El silabario completo quedaría así:

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Silabario Hiragana extendido

Supongamos que ya has aprendido Hiragana. ¿Ya puedes ir a Japón y ser capaz de, al menos, leer los letreros? Pues no, me temo que no. El Hiragana se usa muy poco, casi exclusivamente para los artículos, preposiciones, partículas, etc. Las palabras se escriben normalmente en Kanji, que veremos más abajo…

El alfabeto Katakana

Tras al alfabeto Hiragana, se suele aprender el alfabeto Katakana. ¡La buena noticia es que los sonidos son los mismos que en el alfabeto Hiragana! Aquí lo tienes:

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Silabario Katakana

Como antes, se puede extender con el dakuten, handakuten y los diptongos, aunque ya no lo voy a poner aquí (puedes encontrarlo, por ejemplo, en la wikipedia).

En este punto, te preguntarás ¿y para qué quieren dos alfabetos equivalentes pero con símbolos diferentes? Pues bien, el Katakana se suele emplear para escribir palabras de origen extranjero (en su mayor parte del inglés), nombres propios extranjeros, etc. Y lo mejor es que, en este caso, ¡no se usan kanji! Es decir, sí vas a poder encontrar letreros y textos que incluyen palabras en Katakana (a diferencia de lo que decía antes sobre el Hiragana). Vamos, que si te aprendes el alfabeto Katakana y sabes inglés (y con un poco de imaginación), ya podrás entender algunas palabras en Japón. De hecho, bastantes más de las que parece al principio. Aquí van algunos ejemplos: コフィー (ko-fi, coffee), チョクロト (cho-ku-ro-to, chocolate), スペーン (su-pe-in, Spain), y un largo etcétera.

Por ejemplo, a ver si adivinas lo que pone en la fachada de este edificio:

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¿Fácil, verdad?😀

Kanji

Y llegamos a la parte complicada. Si vas a Japón, la práctica mayoría de los textos, carteles, etc., están escritos en Kanji. Se trata de ideogramas importados del idioma chino que posteriormente han evolucionado en Japón (hasta el punto que los japoneses dicen no ser capaces de entender el chino escrito). Dicen que existen cientos de miles de kanji, aunque imagino que con unos pocos miles ya podrías moverte con facilidad por Japón (para que te hagas una idea, en el A1.2 tuvimos que aprender unos 50 símbolos kanji). De hecho, mis colegas de Japón me cuentan que a veces tienen problemas para seguir textos técnicos porque no es raro que aparezca algún kanji desconocido.

Bueno, como no quiero extenderme demasiado en esta entrada, te dejo con estos apuntes para que te hagas una idea de la complejidad del tema:

  • Una palabra suele estar formada por varios kanji. Por ejemplo, la palabra “japonés” consta de tres kanji: 日本語. Se lee ni-hon-go, siendo 日 ni (sol), 本 hon (origen) y 語 go (idioma). Vamos, el idioma del país del sol naciente😀
  • Para complicarlo más, cada kanji puede tener muchas lecturas o pronunciaciones. Básicamente hay dos: la lectura “on” (china) y la lectura “kun” (japonesa), aunque en la práctica suelen haber unas cuantas variantes. Vamos, un kanji se puede pronunciar de muchas formas, y puede tener muchos significados. Tela, ¿eh?
  • ¿Cómo podemos buscar un símbolo kanji en el diccionario? Pues si no conoces su pronunciación, no puedes. Y lo normal es que si lo quieres buscar, no conozcas su pronunciación, así que vamos mal. Este furiganaproblema se resuelve (en parte) con el furigana: en algunos casos escriben sobre el símbolo kanji la palabra en símbolos Hiragana o Katana. Así es como editan los libros para niños normalmente (por ejemplo, el manga de Shin-Chan). A la derecha tienes un ejemplo.
  • ¿Cómo se escriben los kanji en un teclado? Pues lo habitual es escribir en Hiragana y, a medida que se forman las palabras, el teclado sugiere palabras en Kanji, por lo que solo hay que elegir la buena (normalmente con el tabulador) y seguir escribiendo. No, no es fácil, al menos yo lo encuentro francamente complicado…

¿Misión imposible?

En este punto puede ocurrir que te hayas asustado y tengas claro que nunca vas a aprender japonés… Pues bien, tengo que decir que, pese a todo, no es difícil aprender a hablar japonés. Con un poco de vocabulario (400 ó 500 palabras) y unas nociones básicas de gramática te puedes arreglar. Hablarás un poco como Tarzán, pero te entenderán. De hecho, la gramática no es especialmente complicada. El orden de las palabras en una oración es bastante flexible y conociendo 7 u 8 partículas ya puedes formar casi cualquier frase.

Eso sí, leerlo o escribirlo bien ya es otra historia. Ahí si me temo que hacen falta unos cuantos años de trabajo constante para conseguirlo…

Si te ha surgido alguna duda y quieres preguntarme, ¡adelante!

12h en Nikko

Nikko, la luz del sol, es una pequeña ciudad a unos 140km al norte de Tokio. Si vas a Japón y pasas unos días en Tokio, no puedes dejar de ir. En ocasiones he oído referirse a Nikko como la pequeña Kioto. Y con razón.

Aunque mucha gente que visita Nikko pasa al menos una noche allí (se pueden encontrar excelentes onsen), yo siempre he ido y vuelto en el mismo día (desde Tokio), de ahí el título de la entrada.

Fui a Nikko por primera vez en 2001. En aquella ocasión, nos acompañaba una chica de Tokio que nos hizo de guía durante la excursión. Con el fin de evitar el “tren de los turistas” (bastante más caro), nos hizo tomar una combinación de metros y trenes locales desde Takadanobaba (donde nos alojábamos) hasta Nikko. Tengo que decir que encontrar la combinación adecuada (con no menos de 3 ó 4 transbordos) no fue fácil, ni siquiera para ella, por lo que cuando volví por mi cuenta en 2010 tomé el tren directo sin pensarlo. Si no quieres perder mucho tiempo (o perderte tú mismo), es la mejor opción. Como puedes ver aquí, lo más rápido y sencillo es tomar un limited express desde Shinjuku. Por desgracia, no todo el trayecto pertenece a la compañía JR, lo que significa que tendrás que pagar una parte del billete incluso aunque tengas el JR pass.

Una vez el Nikko, lo primero que vemos es un pueblo relativamente pequeño (menos de 100,000 habitantes) y no muy diferente de otras tantas ciudades turísticas de Japón. Si tienes la suerte de ir en Abril o Mayo, es fácil que te encuentres con alguna fiesta de primavera, como el Yayoi Festival o el Shunki Reitaisai. En 2010, tuve la suerte de ir por allí durante la primera fiesta, el Yayoi festival:

La zona de los templos está a solo un paseo del pueblo de Nikko. Vale la pena tomárselo con calma y dedicar al menos 3 ó 4 horas para ver la zona. Lo primero que haremos es cruzar el puente Shinkyo (el puente sagrado) hacia la zona de los templos:

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Una vez al otro lado del río, pagamos la entrada al recinto (aquí podéis consultar precios y horarios) y dedicarnos a pasear y disfrutar de la belleza de los templos:

Como cosas llamativas del complejo, es inevitable mencionar los famosos tres monos sabios (no ver el mal, no escuchar el mal y no decir el mal):

IMG_4806 También podrás ver el almacen de sake de los monjes, cruzarte con un par de luchadores de sumo (una celebridad en Japón) o ver las esculturas de Nio, el dios guardián:

Los japoneses, en general muy supersticiosos, aprovechan la visita para comprar papelitos con la buena fortuna. Además, si hay algo en la predicción que no te gusta, puedes dejar el papelito atado en alguna de las cuerdas que hay para ello (es una forma de dejar la “mala suerte” atrás):

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Cuando te canses de los templos, y antes de volver, te recomiendo que tomes el autobús al lago Chuzenji y la cascada Kegon. No está lejos (unos 50 minutos, mira aquí) y la transformación del paisaje es impresionante. Esta zona está más elevada (algo más de 1000 metros) y no es raro que haya nieve incluso en Mayo. Si tienes suerte, podrás ver algún grupo de monos correteando entre las casas. Cuando fui por primera vez en 2001 era Febrero y la cascada estaba completamente congelada. En 2010, fui en abril y, aunque había mucha nieve, no estaba congelada como en la anterior ocasión.

A estas alturas de la excursión ya estarás agotado y va siendo hora de volver al hotel a descansar. Es una excursión un poco larga, sí, pero también una de mis favoritas desde Tokio.

Como siempre, si quieres ver más fotos de mi viaje de 2010 a Japón (en 2001 no llevaba cámara de fotos), puedes ver este álbum de Flickr.

No dudes en preguntarme cualquier cosa si tienes curiosidad sobre algún tema o piensas ir y quieres algún consejo.

¿Qué comer en Japón?

Aunque ya me rondaba por la cabeza desde hace un tiempo, finalmente me he animado a escribir esta entrada tras la petición de . ¡Gracias por el empujón!

Para empezar, quiero aclarar que no voy a hacer un repaso de la gastronomía japonesa. Eso lo podéis encontrar en miles de webs. En su lugar, voy a centrarme en mi experiencia personal y en los platos (y bebidas) japoneses que más me gusta comer cuando ando por allí.

SPOILER: ya te adelanto que el sushi y sus variantes no es uno de mis platos favoritos…O_o

Bebidas

Vamos a comenzar por lo más fácil, por las bebidas. Cuando estoy en Japón, me paso el día bebiendo té verde. En muchos restaurantes (incluyendo la cafetería de la Universidad), se puede encontrar un dispensador de té verde gratuito; en Japón, es muy común que la gente beba té verde junto con la comida, igual que aquí solemos beber agua. Por si no fuera suficiente, suelo comprar botellas de té verde frío (como la botella verde de la foto de abajo) para beber mientras estoy en el despacho trabajando. La verdad es que al principio tiene un sabor un poco particular, pero me acostumbro pronto y, de hecho, lo acabo echando de menos cuando me voy.

Otro descubrimiento reciente ha sido el calpis. Después de muchos años ignorándolo, se me ocurrió probarlo y…¡ahora me encanta! Sabe como a yogur, pero está bastante más ácido (y más líquido). Puedes comprarlo concentrado (y se prepara mezclándolo con agua) o bien ya preparado, como la botella blanca de abajo:

Otra bebida típica de Japón es, como no, el sake, similar al vino pero hecho de arroz. Personalmente no me gusta mucho, lo encuentro muy fuerte (aunque su graduación no es mucho mayor que la de el vino, entre 14 y 20 grados normalmente, así que imagino que la sensación se debe al sabor del sake). Para acompañar la comida, prefiero una cerveza, y en Japón las hay de muchos tipos (aunque algo caras para los estándares españoles).

Por supuesto, hay muchas más bebidas típicas en Japón (y difíciles de encontrar aquí), desde la Fanta “grape” (de uva, demasiado dulzona para mi gusto) o la Melon Fanta (el vaso de color verde en la foto de abajo, ¡me encanta!), hasta todo tipo de cafés de lata, bebidas energéticas y un largo etcétera. No hay más que parar en cualquier máquina de bebidas y elegir algo nuevo cada vez…

No voy a hablar del ramune y su famosa botella con una bola porque todavía no lo he probado. A ver si en el próximo viaje cae…

Mis platos favoritos

Siendo un fan de la comida italiana, no fue ninguna sorpresa que los fideos japoneses me gustaran en todas sus formas. Los más populares son el ramen, la soba y el udón (no te pierdas esta entrada en el blog de David Esteban, Flapy, para saber más sobre los tres tipos de fideos). El ramen son los típicos fideos chinos y se suelen tomar a menudo en una sopa con pollo, verduras, gambas, etc. No es un plato que suela pedir en los restaurantes (no son mis fideos preferidos), pero no es raro que compre ramen instantáneos (como los yatekomo en España) en el konbini para cenar. Echas agua caliente, esperas unos minutos y… ¡a cenar!

Sin embargo, mis preferidos son la soba y el udón. La soba consiste en unos fideos finos, de color más oscuro (gris o verde). En general, los sirven fríos sobre una bandeja de pequeñas cañas de bambú. Se toman sumergiéndolos primero en un bol de soja (para darles sabor). Suele ser el acompañamiento que elijo cuando como en uno de los restaurantes de la Universidad. El udón, probablemente mi favorito, se distingue del ramen en que los fideos son bastante más gruesos. En muchas ciudades de Japón se pueden encontrar restaurantes especializados en udón. En ellos, primero te sirven una ración de udón frío o caliente (bueno, la única diferencia es que en el caso de que los quieras fríos, los ponen unos segundos bajo el grifo de agua). A continuación, coges tu plato de udón y recorres una barra llena de complementos (verduras en tempura, pollo frito, gambas, salsa de soja, y un largo etcétera). Al llegar al final de la barra, pagas en función de lo que has escogido, pero sigue siendo muy barato (no creo haber pagado nunca más de unos 5€ ó 6€ en uno de estos restaurantes).

En la foto de abajo podéis ver un plato de udón (izquierda) y otro de ramen (derecha). En este caso, la comida de la izquierda la tomé en un restaurante de la cadena Ootoya, que ya mencioné en alguna entrada anterior (una de mis favoritas en Tokio). En la foto de la izquierda, además del udón (arriba a la izquierda), podéis ver el bol de soja (abajo a la derecha) y un plato de katsudón (abajo a la izquierda), otro de mis platos favoritos compuesto principalmente de lomo rebozado y huevo y sobre un bol de arroz.

Por supuesto, otra cosa que es imposible evitar en Japón es el arroz. En Japón es normal usar el arroz como guarnición, más o menos igual que hacemos aquí con el pan. Este es el aspecto de una comida típica en la cafetería de la Universidad:

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En la foto podéis ver pescado rebozado, arroz, tortilla, sopa de miso (presente en casi cualquier menú) y un yogur. No es tan diferente a lo que comemos por aquí, ¿verdad?

Otra especialidad japonesa es el tonkatsu, que consiste en cerdo o pollo empanado y frito, acompañado de col cortada muy fina. En Nagoya, es muy popular una variante llamada misokatsu en la que se le añade una salsa de soja bastante fuerte por encima. El sabor me gusta, pero es demasiado dulzón y a la larga me satura un poco.

Otra especialidad de Nagoya que me encanta es el hitsumabushi: anguila al grill sobre un bol de arroz. La anguila (unagi) es un plato muy popular en Japón, aunque se cocina de formas diferentes en cada región. El hitsumabushi, la variante de Nagoya, se come en cuatro pasos: divides el bol en cuatro partes y te comes la primera tal cual, sin añadir nada; la segunda y la tercera se come añadiendo los ingredientes que incluye el menú (salsa, alga nori, varios tipos de verduras, etc); y, la cuarta, te la comes repitiendo la opción que más te haya gustado. Este es el aspecto de un menú típico de hitsumabushi:

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Otro plato que descubrí en Nagoya y que me pareció muy sabroso es el omurice. Básicamente, se trata de una tortilla rellena de arroz a la que se le añaden algunos ingredientes. Personalmente, me encantó el de salmón:

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Los izakaya

Al igual que en España, los japoneses son muy dados a ir “de tapas”. Para ello, hay unos locales llamados izakaya donde suelen ir estudiantes o trabajadores al terminar la jornada a beber, comer tapas, beber, comer más tapas, beber, beber… Vamos, que se suele beber bastante.

Suelen tener una gran variedad de tapas, aunque me temo que no me sé los nombres de casi nada (si necesitas información, puedes preguntar a mochitto, que trabaja en uno de ellos). De hecho, no es un lugar fácil para un turista. Aquí puedes encontrar aperitivos de judías de soja (edamame, la foto de abajo a la izquierda), brochetas de pollo (yakitori), patatas fritas (y una variante más refinada hecha de batata en vez de patata), cortezas de cerdo, varios tipos de ramen, albóndigas de carne, una sopa con tripas de ternera cuyo nombre no recuerdo (la foto de abajo a la derecha), varios tipos de sushi, y un largo etcétera.

 

Otros

Para terminar, voy a comentar brevemente algunas otras comidas típicas de Japón. Por ejemplo, los takoyaki son muy populares, sobre todo en la zona de Kansai y, en particular, en Osaka. Se trata de bolas de harina y trozos de pulpo (“tako” es pulpo en japonés). Se venden normalmente en puestos callejeros para que lo comas mientras paseas. Tengo que decir que no me gusta especialmente, lo encuentro demasiado blando (la pasta) con trozos demasiado duros (el pulpo). Los he comido mejores y peores, pero en ningún caso me entusiasmaron. El okonomiyaki es también otro plato callejero muy popular. En este caso es una especie de tortilla pero cuyos ingredientes son harina, verduras, varios tipos de salsa y casi cualquier cosa (carne, gambas, calamares, etc, etc). En las fotos de abajo puedes ver como preparan takoyaki (izquierda) y okonomiyaki (derecha).

Por último, no puedo dejar de mencionar los famosos dorayaki (los dulces que le vuelven loco a Doraemon), los mochi (dulces de arroz, como una gominola gigante), el meron pan (pan de melón), o los helados de soda (abajo a la izquierda), que me encantan. Además, por supuesto, es posible encontrar pizzerías (abajo a la derecha), cadenas de hamburgueserías (tanto las habituales como otras propias de Japón), cadenas de donuts (como Krispy Kreme), etc. Vamos, si prefieres la comida occidental, tranquilo que tendrás oportunidades de sobra…

Por cierto, si echas en falta algún plato y tienes curiosidad, ¡no dudes en preguntarme!

 

48 horas en Tokio

La mayoría de mis viajes se deben a mi trabajo, bien para asistir a un congreso (entre 1 y 5 días) o para visitar a algún colega y colaborar en un trabajo conjunto (antes podían ser meses, ahora que tengo hijos nunca más de dos o tres semanas). En cualquier de los dos casos, normalmente no dispongo de más de unas horas para turistear, hacer fotos, etc. Con suerte, si se trata de una estancia de dos o tres semanas, consigo tener unas 48 horas libres (un fin de semana). Esto ha hecho que me haya acostumbrado a hacer turismo “express”, como ver París en 6 horas (durante una escala) o Edimburgo en una tarde, por poner algunos ejemplos.

Así que he decidido iniciar una serie de entradas “48 horas en…”, “24 horas en…” o incluso “6 horas en…” con los lugares más interesantes que he visitado. Espero que os gusten.

En este caso, he decidido comenzar por Tokio, aprovechando que estuve por allí hace solo unos meses. Además, como viajaba con un colega que no había estado nunca en Tokio, hicimos el “tour básico” de fin de semana :D

Viernes

El viaje comienza un viernes por la tarde, cuando tomamos el Shinkansen a Tokio. El viaje dura aproximadamente 2 horas. Teniendo en cuenta que hay unos 450 km, no está nada mal. Bajamos del tren en Shinagawa, desde donde se puede ir fácilmente a Shinjuku con la línea Yamanote. Lo bueno de tener el Japan Rail Pass es que tanto el Shinkansen (excepto la línea Nozomi) como la línea de metro Yamanote en Tokio están incluidas. Por poco más de 200 euros (7 días), es una gran opción para desplazarse por Japón.

Respecto al hotel, siempre que voy a Tokio intento alojarme en Shinjuku, uno de los barrios mejor comunicados de Tokio. Si vas a usar Tokio como “centro de operaciones” para ir también a Nikko, Hakone, Kawaguchiko, Kioto, etc., Shinjuku es una gran opción. De los distintos hoteles en los que me he alojado, yo os recomendaría el Ibis Shinjuku o el Sunroute Plaza Shinjuku (algo más caro). Lo bueno de estos hoteles es que están realmente muy cerca de la estación de la línea Yamanote (menos de 10 minutos a pie), por lo que es ideal para moverse por la ciudad. Por supuesto, los hay más baratos, pero normalmente están más lejos y eso significa perder media hora caminando entre el hotel y la estación de la línea Yamanote.

Llegamos al hotel sobre las 19:00. Tras unos minutos para dejar las maletas en las habitaciones, salimos sin perder un minuto hacia el metro. Para la primera noche, hemos decidido acercarnos a Shibuya (solo un par de paradas con la Yamanote). De ser un poco más pronto, valdría la pena ir a Ginza, la “milla de oro” de Tokio, pero siendo las 19:00 no vale la pena, llegaríamos sobre las 20:00 y muchas tiendas estarían ya cerradas.

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Shibuya, junto con Shinjuku, son dos de los barrios más animados de Tokio. En Shibuya puedes encontrar el famoso cruce de peatones en varias direcciones, la escultura del leal perro Hachicko, cientos de locales para cenar, ir de compras, tomar unas copas, comer un sandwich con forma de pez o asistir a un programa de televisión en directo, por ejemplo.

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En nuestro caso, acabamos entrando en un Bookoff (hasta que nos echaron), la cadena de librerías donde comprar libros y manga a precios de risa, y luego cenamos en un restaurante de la cadena Ootoya. Tengo que decir que me encantan los restaurantes Ootoya. En las zonas más turísticas, debe haber uno cada 100 ó 200 metros (pero recuerda que en Japón los restaurantes no suelen estar a nivel del suelo, pueden estar en un sótano o en un 5 piso, así que no te limites a mirar solo las plantas bajas). Además, tienen un menú muy completo, con fotografías (algo muy importante si no hablas japonés) y a un precio muy contenido. Se puede cenar por menos del 10 euros sin problemas.

Sábado

Este es el día más duro. Es el único día en el que vamos a estar 24 horas en Tokio y hay que aprovecharlo. Hemos decidido dedicarlo a visitar Akihabara, el parque Ueno y el templo Senso-ji en Asakusa, que andan todos más o menos por la misma zona de Tokio.

Primero, en Akihabara, nos dedicamos a recorrer las principales tiendas de la zona. Es el barrio ideal si buscas aparatos electrónicos o artículos relacionados con el manga y el anime.

En el parque Ueno nos limitamos a recorrer el parque sin entrar en los diferentes museos del parque o en el zoo.

Desde Ueno, tomamos el metro (esta vez no incluido en el Japan Rail Pass al no pertenecer a la línea Yamanote) y llegamos a Asakusa en unas pocas paradas. Para estos casos, y puesto que no es nada fácil calcular la tarifa del metro en Tokio, lo mejor es comprar una tarjeta Suica de prepago y dejar que se cobre la cantidad que sea en cada trayecto. Y si prefieres no comprarla, también puedes comprar el billete de metro más barato y luego pasar por la cabina de “fare adjustment” a la salida y pagar la diferencia. En Japón eso no está mal visto en absoluto.

Ya en Asakusa, visitamos el templo Senso-ji, probablemente el templo más popular de Tokio. Si tienes tiempo, puedes cruzar el río y acercarte a ver la nueva Torre Tokyo SkyTree y la sede de la cerveza Asahi.

De vuelta hacia el hotel, paramos en Ebisu para tomar el metro hasta Roppongi (un par de paradas, de nuevo fuera de la línea Yamanote y, por tanto, no incluido en el Japan Rail Pass). Aquí se encuentra la zona llamada Roppongi hills que incluye la Torre Mori, con un fantástico observatorio (de pago) desde donde fotografiar el skyline de Tokio y, en particular, la Torre de Tokio.

Por desgracia, la cola para subir al observatorio era enorme y no subimos. Normalmente no suele haber mucha gente, pero coincidía con una exposición de Star Wars y al parecer estaba teniendo mucho éxito. Para desquitarnos, una vez en Shinjuku, subimos al observatorio del Ayuntamiento de Tokio, abierto hasta las 23:00 y gratuito. ¡La vista nocturna es espectacular!

Y a dormir. Según mi pulsera FitBit, habían sido 25km a pie. Sin duda, habíamos cumplido como turistas PRO😀

Domingo

Tengo que decir que después de la paliza del día anterior, el Domingo pretendíamos hacer algo relajado. No aguantaríamos otros 25km a pie. Así que el Domingo tomamos la línea Yamanote hasta Yoyogi (una sola parada) y de allí al Parque Yoyogi. En mi opinión, es uno de los parques más bonitos de Tokio, con vistas al edificio DoCoMo, y desde donde visitar el Santuario Meiji (donde con suerte podrás fotografiar una boda tradicional) y terminar en Harajuku y la calle Takeshita, una de las más famosas de Tokio entre la gente joven para ir de compras, tomar algo, etc. Tampoco es raro encontrar cosplayers en la zona de Harajuku, sobre todo los Domingos.

Desde aquí, decidimos tomar la línea Yamanote de nuevo hasta Akihabara. Los domingos, suele haber un mercadillo callejero en Akihabara donde encontrar artículos a precios mucho más bajos que en las tiendas. Y aquí rematamos la visita, tomando la Yamanote hasta el hotel y de vuelta a casa. Bueno, de vuelta a Nagoya y el trabajo…

Por cierto, si a alguien le preocupa el tema económico, gracias al Japan Rail Pass, no creo que gastase más de unos 30 ó 40 euros durante el fin de semana.

Por último, añdadir que ésta fue una de las varias visitas a Tokio. En otros casos, he aprovechado el sábado para ir a Nikko o para ir al Fuji, en ambos casos excursiones que se pueden hacer fácilmente desde Tokio saliendo temprano y volviendo por la tarde. Es una buena forma de combinar turismo urbano y naturaleza. Pero esa es otra historia…

Si quieres ver más fotos de este viaje a Tokio, las tienes en este álbum de Flickr.